Antes de hablar de muebles conviene entender cómo trabajamos. El orden de las etapas es siempre el mismo y no saltea el relevamiento en obra, porque un placard dibujado sobre medidas de catálogo termina con una luz visible en el lateral o con un frente que no cierra contra la pared.
Escribinos con el ancho, el alto y el tipo de ambiente. No hace falta un plano: alcanza con saber si es un departamento, un PH, una casa o un local comercial chico, y qué pieza querés resolver. Con eso ya podemos anticipar si el pedido entra en el tipo de trabajo que hacemos.
El paso que no se negocia es ir al lugar. Medimos pared por pared porque los vanos de departamentos viejos y casas chorizo casi nunca están a escuadra, y relevamos la luz natural según la orientación de las ventanas. Esa información define el material y la terminación, no al revés.
Después de medir hablamos de cómo vas a usar el espacio: qué guardás en un placard, cuántas personas se sientan a la mesa, si la biblioteca tiene que ordenar el paso entre dos ambientes. De ahí salen las decisiones de profundidad, cantidad de módulos y herrajes nacionales.
Con las medidas y las necesidades armamos una propuesta que puede combinar placa melamínica en los cuerpos y enchapado natural en las puertas y tapas. Si el proyecto lo pide, se suman objetos curados: cerámica utilitaria, una lámpara de latón, textiles de telar o una alfombra de yute.
Trabajamos con dos talleres, en Villa Crespo y Avellaneda. Antes de cerrar el encargo podés sumarte a una visita de los sábados para ver cómo se guardan las placas, cómo se terminan los cantos y qué herrajes se van a usar. Ver el lugar cambia la conversación sobre expectativas.
No prometemos plazos de entrega ni resultados que no podamos verificar. Los tiempos dependen de la disponibilidad de materiales y del tamaño del mueble, y eso se conversa una vez que el relevamiento está hecho.
El recorrido arranca con las medidas reales de tu ambiente, no con un catálogo. En departamentos de PH y casas chorizo los vanos rara vez están a escuadra y las medidas de fábrica quedan cortas o largas. Por eso el primer paso siempre es mirar el espacio en persona, con la luz que entra según la orientación de la ventana. Después vienen las definiciones de uso y material, y recién ahí se arma la propuesta.
Contanos si es departamento, PH, casa o local comercial, qué pieza tenés en mente y qué ancho y alto manejás. Con esos datos se evalúa si conviene una visita previa o si alcanza con lo que ya enviaste.
Se miden las paredes una por una, se revisa el contramarco, la posición del zócalo y la altura real del cielorraso. También se releva la luz natural por orientación, porque un enchapado que se ve bien en el taller puede apagarse en un ambiente con poca luz de tarde.
Se conversa qué va a pasar en cada ambiente: placares empotrados, cocinas, bibliotecas o mesas de comedor. Ahí se decide dónde conviene placa melamínica por resistencia a la humedad y dónde enchapado natural en las superficies vistas, con herrajes nacionales por disponibilidad de repuesto.
Con las medidas y las necesidades sobre la mesa se arma una propuesta que puede incluir objetos curados: cerámica utilitaria, lámparas de latón, textiles de telar o alfombras de yute. Se revisa y se ajusta antes de pasar a fabricación en los talleres de Villa Crespo y Avellaneda.
Si querés ver materiales y terminaciones antes de cerrar el proyecto, la agenda de visitas a taller funciona los sábados. Es una recorrida corta para mirar placas, cantos y herrajes en mano, y para entender cómo se trabaja antes de comprometer un pedido.
Si preferís ver primero qué implica cada etapa de fabricación y montaje, podés revisar los planes de trabajo o escribirnos por contacto con las medidas de tu ambiente.
Este sitio utiliza cookies para recordar tus preferencias y mejorar la experiencia de navegación. Puedes aceptar o rechazar su uso; tu elección se guarda en este navegador. Más detalles en nuestra política de privacidad.